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Terra
La Coctelera

haylas prudentes damas cometen sus pecados los

Haylas prudentes damas que cometen sus pecados en los
extrarradios de sus habitats, y haberlas hay intrépidas que los realizan en el
propio. Mi excelsa amiga Stupenda Nice es ejemplo de lo primero, mientras que
servidora se reconoce en lo segundo. Pero puedo asegurarles que cuando una
mínima mirada, un requiebro entrecortado o un suave chiflido nos tiene como
objeto de atención nos comportamos igual de empecinadas hasta dejar extenuado a
quien no arranco de nuestro estelar ensimismamiento. Y aunque pueda parecer
reacción de damas afligidas de soledad, por otra parte muy necesitadas de
perrito que le ladre aún careciendo este de mínimo pedigrí, en nuestro caso es
simplemente condición de hembras hambrientas de nuevas experiencias y que a la
altura de nuestra vida entendemos que el caldo de una gallina vieja necesita
ser catado, aunque luego ellos afirmen que las prefieran de última hornada y
eso haber puesto todo el empeño en sorber el recipiente hasta su última
sustancia. ¿Dice esto poco a favor de los hombres? Simplemente de su cinismo,
si eso importa algo.

El asunto es que a Stupenda hacía meses que no la veía y así
de repente, como suceden estas cosas, en mi celular sonó el horchatera
valenciana, sintonía que adopté hace tiempo como privativa al móvil de mi
excelsa amiga debido a que es levantina y la conocí precisamente promocionando
ambas, en una feria de turismo en Alemania, ella el singular jugo de chufas y
servidora un sofisticadísimo pulpo seco tan de nuestra tierra.

Y ya que una columna no da para el novelón que dos
intimísimas de mundo pueden contarse al teléfono tras un periodo largo sin
verse, sin oírse, sin hablarse, sin envidiarse
resumiré diciéndoles que la invité a pasar conmigo el pasado fin de
semana con la intención de comentar al calor de la chimenea de mi loft, a la
manera de aquellas ricas y famosas de la película de Cukor, nuestras
existencias en los últimos tiempos.

Pero también es sabido que dos damas en confidencia
necesitan demostrase una a la otra que el tiempo juega a favor de sus respectivas
seducciones y que no hay mejor arruga que la que no dejamos ver, que suelen ser
las del alma; para ello nada mejor que calzarse el taconazo y salir a la
intemperie para entrar en abierta competición y comprobar o demostrar que tanto
parloteo no es farfolla virtual ni tampoco producto de la química prozac. Así
ambas nos lanzamos a la noche con el propósito avieso de ponernos a prueba y en
dicha tesitura avistamos al primo hermano del Derek Obregón. Huelga decir que a
ninguna escapó que aquello iba a ser peregrinación por las capillas coperas de
la noche y que si para la más desafortunada podía ser vía crucis con resaca al
día siguiente, a la otra el premio sería la carísima palma del martirio
crematístico; pues somos de la letanía que un amor a cierta edad si no es por
dinero no hay de qué. Si bien hay un código deontológico y un libro de estilo
por el cual esa situación ni se menciona entre chicas que jamás deben aludir la
edad. Así estábamos como mantillas tras el trono de Esperanza Macarena en el
recorrido de penitencia del Jueves Santo, cuando aquel barco de luces pasado
por el cincel de Miguel Angel objeto de nuestra codicia, hizo un alto de
bendición para rogarnos dejáramos de seguirlo, ya que no le interesaba la
figuración de cuando la
Lollobrigida
hizo de reina de Saba. Obvio que la obviedad no
me cortó, y entrando en competición con Stupenda en rapidez mental, contesté
que éramos tan pías que le habíamos confundido con el arcángel San Gabriel, que
figúrate que será añejo que ya viene referido en las Sagradas Escrituras.

Huelga decir que se llama Gabriel es de Murcia y vive en
casa. Siempre amig@s una salida graciosa hace milagros.

UN GOLPE SECO DE MELENA

Lo confieso: siempre he envidiado esas recias y sueltas
melenas capaces de golpear secamente el aire con un gesto. La reina del golpe seco
fue Carmina Ordóñez. ¡Qué dominio tenía la tía! Había que oírla decir
divinamente y luego… ¡zas!, golpe de
melenón. Y aunque no dijese nada quedaba como si hubiese dicho La Biblia en pasta. También la Pantoja resuelve muchas
situaciones con el manejo de la mata de pelo; ella es muy de revolverla, de
agitarla, de traerla y llevársela de la frente sacudiendo el aire con extremado
dramatismo, pero luego tiene un tono tirando a desmadeje folclórico que la
pierde un poquito y la evidencia. Como si dijéramos, que está exenta de la
casta que a la otra le sobraba. Le pasaba lo mismo a la más grande, aunque Rocío en lo de la melena
era compacta de lo muy lacada y apermanentada que la llevaba: la chipionera
daba un golpe de melena y era un movimiento monolítico lo que producía, un
Escorial capilar.

Ahora bien, el golpe seco sólo lo da una melena morena y
cuanto más azabache el tintado mucho más
su eficacia y contundencia. No ocurre lo mismo con las rubias quienes suelen
quedar algo insulsas, incluso aquellas que tienen el porte de armas tomar a lo
madre de Andreita la niña del torero.

Por ejemplo mi asistenta en intendencia doméstica,
Lamparines, tiene ese toque racial, esa expresividad en el look capilar que la
hace genuina. Lo que ocurre es que siempre lo lleva en un recogido de moño y
cocas que la hacen prima hermana de la dama de Elche y algunos días parece
Frida Khalo. El otro día intuyendo que tras tan lustroso, complicado y
voluminoso peinado debía haber una base de pelambre fenomenal la requerí a que
se soltara el pelo. A lo que ella contestó con su locuacidad natural que ella
el pelo se lo suelta para un tío. Obvio que tuve que explicarle que mi interés
era antropológico y que nunca a nadie de mi genero le habría pedido semejante
cosa con aviesas intenciones, pero no obstante no estaba ella por la labor y me
espetó en registro zafio que a ella una tía no le tocaba un pelo, ni la medalla
ni el medallón. He optado por ignorarla y seguí escribiendo esta columna,
mientras ella le quita el polvo a mi colección arqueológica de consoladores,
que a decir verdad los tiene siempre muy limpios.

Doña Leticia, por
ejemplo, es mucho de mesarse la cabellera y dar un golpe hacia atrás con la
melena; pues como que no se lo aconsejo. Para ese gesto se necesita tener mucho
tino y el suficiente desparpajo, y por supuesto no tener como suegra a doña
Sofía que estoy segura no se lo permitiría y de cuñado a don Jaime que se
horrorizaría. Y es que las griegas por mucho golpe de Medea que se den no han
conseguido el golpe racial de por ejemplo Lola Flores que en el baile era
genuino melenón desorbitado.

También es verdad que habiendo una melena desenvuelta por
medio, sobre todo en la política, se da más cante. Y si no ojo al dato:
mientras las García Marcos, Yagues y Zaldivar, todas melenitas mechadas y
encajadas al óvalo facial, campaban con las bolsas de basuras al libre
albedrío, llega la Pantoja y se abre la caja de Pandora. Y es que un melenón no
puede ocultar según que cosas. Ustedes observan un estilo Ordóñez y comprueban
en el golpe seco de melena si la cosa va a mayores, se queda en tablas o tiende
a un rosario de la aurora; pero lo que es indiferente no queda la cosa.

Y esto es precisamente lo que me parece envidiable de esas
afortunadas y su lenguaje capilar: siempre tienen algo que decir y expresar.
Además que no pasan desapercibidas. Y acaso tenga razón mi Lamparines, y es que
cuando un Cachuli te dice eso de mi arma “suertate” la trenza no te dire yo que
el fuego funcione, pero sí que están los carbones encendidos.